We have all heard about meditation, even some of us have practiced sometimes. Through it we try to empty our minds of thoughts or at least we let them pass without clinging to them to find calm and peace. We relax, we are liberated.

For me riding a bike is very similar to this. When I ride down a path that I like, it’s like dancing with the wind following the golden line that marks the path. Absolute concentration in the dance, there is nothing else in that moment, full joy, mindfullness, light, 100% present. Isn’t that the secret of happiness?

If that is true, in those moments where the wheels slide and at the same time they hold on to the ground, where the adrenaline that saturates the veins leaves no room for anything else, in those precise and wonderful moments, I am completely happy.

It is true that when we get off the bike we still retain the excitement that runs through our bodies and keeps our hair standing on end, but everydayness and daily routine weigh heavily and that intense emotion soon dissipates. So in reality we do not know what it is to be fully and consciously happy, because in those moments when we are, we are not really realizing that we are, we are simply beeing happy. In those moments we do not think anything, or try to keep anything in our memory, or pretend anything, in those moments we are simply people doing one only thing that requires all our energy and concentration, riding a bike.

So if they tell us that cyclists only think about our bikes and that we care little about our mental health, you already know what you can answer: I ride my bike to meditate, I go out to get closer to myself and to the mother earth that welcomed me at birth, welcomes me every day and will see me leave forever. I ride my bike because I love this world and I am lucky to enjoy it and to share this emotion and these feelings with the people I love and appreciate.

Anyway, I ride bikes because I love doing it, because it makes me happy and maybe it makes me a better person.

I ride bikes because I want to do it.

Let’s meditate, let’s ride, let’s be happy.

Meditemos, salgamos en Bici, seamos Felices.

Todos hemos oido hablar de la meditacíon, incluso alguno de nosotros la hemos practicado alguna vez. A través de ella intentamos vaciar nuestra mente de pensamientos o al menos dejarlos pasar sin aferrarnos a ellos para encontrar la calma y la paz. Nos relajamos, nos liberamos.

Para mi montar en bici es algo muy parecido a esto. Cuando bajo por un sendero que me gusta es como bailar con el viento siguiendo la estela dorada que va marcando el sendero. Concentración absoluta en la danza, no existe nada más en ese momento, alegría total, plenitud, luz, 100% presente. ¿No es ése el secreto de la felicidad?.

Si eso es cierto, en esos instantes donde las ruedas de la bici resbalan y a la vez se aferran a la tierra, donde la adrenalina que satura las venas no deja espacio para nada más, en esos precisos y maravillosos instantes, soy completamente feliz.

Es cierto que cuando nos bajamos de la bici aún conservamos la excitación que nos recorre todo el cuerpo y nos mantiene el vello de punta, pero la cotidianidad y la rutina diaria pesan y esa emoción intensa se disipa pronto. Así que en realidad no sabemos lo que es ser plena y conscientemente feliz, porque en los instantes en que lo somos, en realidad no nos damos cuenta de que lo somos, simplemente lo somos. En esos momentos no pensamos en nada, ni pretendemos guardar en nuestra memoria nada, ni parecer o aparentar nada, en esos momentos simplemente somos personas haciendo únicamente una cosa que requiere toda nuestra energia y concentración, montar en bici.

Así que si nos dicen que los ciclistas solo pensamos en nuestras bicis y que nos importa poco nuestra salud mental, ya sabéis lo que podéis contestar: yo salgo en bici a meditar, salgo para acercarme a mí mismo y a la madre tierra que me acogió al nacer, me acoge cada día y me verá partir para siempre. Salgo en bici porque adoro este mundo y tengo la suerte de disfrutarlo y de compartir esta emoción y estos sentimientos con la gente que quiero y aprecio.

En fin, salgo en bici porque me encanta hacerlo, porque me hace feliz y tal vez me haga ser una mejor persona.

Salgo en bici porque quiero hacerlo.

Meditemos, montemos en bici, seamos felices.